El Dividendo

Se ha diseñado el dividendo para que la fiscalidad sea neutra. Para mantener la economía en equilibrio, proteger a los vulnerables y asegurar el apoyo público a largo plazo necesario para evitar el cambio climático. A medida que el coste de la contaminación sube con el recargo, devolver todo lo recaudado a los ciudadanos significa que los ciudadanos pueden adquirir los productos y servicios existentes en la economía.

Los ingresos recaudados pueden ser divididos en partes iguales, utilizando 1 parte para cada adulto y 0,5 partes para cada menor (con un máximo de 2 menores por hogar). Este dividendo se devuelve a los hogares mediante pagos mensuales. La mayoría de familias recibirá más por el dividendo de lo que paguen por el recargo.

Incrementar el precio del  CO2, sin devolución, tiende a ser regresivo, golpeando más fuerte a los más vulnerables. Devolver los ingresos mediante tarifa plana protege más a los más pobres y a las clases medias y asegura que pensionistas y desempleados reciben también los fondos. En general, las personas más ricas con mayores huellas de carbono saldrán perjudicados con esta forma de reparto. La gráfica visualiza el impacto en la población por quintiles de renta, comparando diferentes maneras de devolución. Arriba: Devolución por tarifa plana. La mejor. En medio: rebaja en el impuesto a las ganancias patrimoniales. Abajo: devolución en IRPF.

En 2008 British Columbia se comprometió a un sistema de Impuesto al Carbono con devolución.  Aunque al principio hubo resistencia popular, finalmente el apoyo del público superó el 65% (OCDE 2013) La comunicación con los ciudadanos sobre el propósito del impuesto y el compromiso de devolver el 100% fueron valorados como factores clave para el apoyo popular.