Cargo al Carbono

El cargo al carbono se basa en el principio económico de que, si se incrementa el precio de algo, se reduce su demanda.

Estableciendo un incremento creciente al precio de todas las emisiones de CO2, se pondría la misma presión en cada tonelada de emisiones. Como mecanismo de mercado, esto incentivará a la economía a eliminar primero las emisiones más eficientes en coste. A medida que el precio sube, este proceso continuará hasta que todas las emisiones de CO2 sean eliminadas.

El recargo comienza bajo para evitar un shock a la economía y sube poco a poco, de manera constante, irreversible y predecible. Esto permite a las empresas e industrias tomar decisiones informadas relativas a energía, tales como eficiencia energética, inversiones a largo plazo e innovación. La economía recibe un empujón inicial y una señal clara para el futuro. Todos los agentes económicos (industrias, empresas, sector público, familias y particulares) son motivados para adoptar soluciones más limpias basadas en beneficios financieros.

El lugar más eficiente en coste para imponer el recargo es lo más arriba posible en la cadena de suministro. Es decir tan pronto como los combustibles fósiles entran en la economía, en el punto de extracción (pozo, mina) o puerto de entrada. Esto es así porque hay un número muy reducido de puntos de entrada y control con recursos ya desplegados para imponer el recargo. El efecto de este recargo en origen se repercutirá en toda la economía, impactando todas las actividades basadas, directa o indirectamente, en combustibles fósiles.

Instrumentos económicos como los impuestos al carbono son atractivos por su simplicidad y su cobertura de todas las tecnologías y combustibles, provocando por tanto, la combinación de reducción de coste por cambios a otros inputs en procesos productivos y otras tecnologías hasta cambios de comportamiento en hábitos de consumo y estilo de vida. Esta es la razón por la que tienen el potencial de ser más efectivas que una regulación sobre tecnologías, productos o comportamientos de los consumidores (obligaciones y/o prohibiciones). Para minimizar el coste administrativo, el mejor lugar de imponer el recargo es en el punto de entrada. Además, un impuesto como el descrito puede apoyarse en los sistemas de recaudación existente  (IPCC, 2015)